sábado, 22 de noviembre de 2025

Diez publicaciones de caricatura 4/10

 

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(4/10) Continúo compartiendo diez publicaciones de caricatura, una al día, que hayan ejercido algún tipo influencia en mi gusto por los monos y garabatos y en mis monos y garabatos mismos: "El Gallito comics" publicación de historietismo independiente mexicano y latinoamericano, revista que inició en la ciudad de México en el año 1993 y que con muchos esfuerzos se mantuvo durante algunos años más, la encontraba en la librería "El jardín de los senderos" ubicada entonces en el pasaje Variedades. Debido a su intermitencia y problemas de distribución solo alcancé a hacerme de la mitad de los números de una publicación que se convirtió en un clásico de excepción de la historieta alternativa mexicana

Diez publicaciones de caricatura 3/10

 

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(3/10) Continúo compartiendo diez publicaciones de caricatura, una al día, que hayan ejercido algún tipo influencia en mi gusto por los monos y garabatos y en mis monos y garabatos mismos. "El reformazo" de Alejandra Xanic dibujado por Manuel Falcón, cuadernillo en caricatura sobre las explosiones del 22 de abril publicado en 1992 que venía incluido en la compra del entonces novedoso e innovador periódico Siglo 21, ya desaparecido. Quizás la pieza de caricatura de denuncia política más lograda en la historia del cartón editorial en Jalisco.

Mi encargo a mamá

 

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    Por estos días, pero hace treinta años Metallica sacó a la venta su emblemático disco Master of Puppets. De esto, quizás ha visto que de ello han dado cuenta distintos sitios de Facebook.

    Este grupo entonces, mediados de la década de los ochentas, en Guadalajara era algo como el secreto mejor guardado de los adolescentes metaleros, la mayoría hablaban de ellos pero debido a que sus discos no eran editados en México, pocos los habían escuchado. Una especie de mito musical el cual muchos deseaban compartir.

La anécdota personal va mas o menos así:

    Entonces, como se dice trilladamente, eran “otras épocas”, si te gustaba un tipo de música o buscabas un grupo, debías “escarbarle” en las pocas tiendas existentes para encontrarlos, acudir a los amigos para que te lo prestaran o lo grabaran en caset, o de manera extraordinaria, pedir a alguien que te trajera el disco de Estados Unidos.

    Y ese era el caso: allá por el verano de 1986 mi madre tenía planeado viajar en compañía de unas tías a Los Ángeles, California, y yo, consciente de la oportunidad, tenía como único encargo que me trajera algunos elepés de rock pesado. Para asegurarme de que no se confundiera, le di unos recortes con las portadas de los discos que venían en una de mis revistas Circus que a veces adquiría en un quiosco de revistas del edificio Mulbar, en el centro de la ciudad.

    Llegó el verano, mi madre salió de viaje y yo pasé en el pueblo las tres semanas con mi padre, esperando el regreso de mi mamá, y mi encargo.

    A su regreso a Guadalajara, mas allá de su retorno, recuerdo el memorable momento en que abrió el beliz y me entregó los discos. Eran tres, el último de Accept, uno de Slayer y el master of puppets. Me dijo que el señor de la tienda le había advertido que era un tipo de música que estaba prohibida por el gobierno y me señaló la etiqueta pegada en la portada de uno de los discos, algo como “contenido explícito, supervisión paternal sugerida”. No dije nada, sonreí, tomé los discos y me fui a encerrar a mi cuarto a abrirlos y escucharlos.

    El caso es que, siendo como era, de la “vela perpetua”, me cuesta trabajo imaginarla pidiendo que la llevaran a una tienda especializada de rock, que se presentara ante el dependiente y quien sabe cómo se diera a entender para preguntar por los nombres de los grupos y de los discos, no puedo creer que haya visto las portadas con “chamucos” y que aún así los pagara y saliera con ellos.

    Ahora cuando veo los discos, porque aún los conservo, valoro ese detalle que tuvo mi madre, se impuso a sus particulares posturas éticas y religiosas para ofrecerme una bastante peculiar expresión de cariño.


(Publicado originalmente en Facebook el 2 de marzo del 2016)

martes, 18 de noviembre de 2025

El estéreo Fisher

 

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A mi primer stéreo…

Un “tocadiscos” como aquellos de las películas de César Costa y un radio AM FM donde sintonizaba el canal 58 fueron durante muchos años los aparatos donde escuchaba música. En la secundaria, ya empezándose a definir mis gustos musicales, mis limitadas opciones eran, o que conocidos me “grabaran” sus discos, o tener que pedir a mis padres que me llevaran a oír a casa de algún familiar mis -únicos- Lp´s (uno de Air Supply y otro de Electric Light Orchesta). Entonces los estéreos modulares conocidos en México eran los modestosPanasonic y los Zonda, y en contraparte unos equipos de grandes bocinas marca Gradiente, - que casi boquiabierto iba a mirar una y otra vez en Musical Lemus de Plaza México-, además de excepciones como losSanyo, Hitachi o Sony traídos a particulares a la manera de lo que se calificaba como “fayuca”.

Fue hasta 1985 cuando mi padre por fin accedió a mi ya reiterado clamor: En vacaciones de verano una prima que venia de Estados Unidos llegó al aeropuerto con una encargo especial en sus maletas: un mini-componente marca Fisher, equipos de sonido muy novedosos entonces. Este en especial, negro con focos ledsverdes y rojos, tornamesa linear, bocinas de diafragma plano y doble cassetera, y sobre todo un sonido espectacular, al verlo -y escucharlo- me “voló” de inmediato la cabeza y se convirtió al instante en el centro de mi universo.

El primer disco ahí reproducido fue uno del japones Tomita, The Firebird, que teníamos en casa, pero al siguiente día me embarcaría hacía las tiendas del centro de la ciudad a comprar mis primeros discos para la memorable ocasión, el Blackout y el Animal Magnetism de los Scorpions… seguidos al par de semanas por elDefenders of the Faith de Judas Priest y posteriormente una muy vasta lista, costeada por todo aquel dinero que llegaba a caer en mis manos. A partir de entonces, y después de prácticamente requisar el aparato en mi cuarto, mi vida giraría en torno al rock pesado y a mi creciente colección de discos del género.

El ocio diario, antes acaparado por la televisión, se empezaría a nutrir de sesiones extáticas de escucha de rock de hasta tres o cuatro discos seguidos, el intercambio de prestamos de discos con amigos y conocidos y la grabación de cassettes con mis propias selecciones musicales. En torno a todo esto se gestaría poco a poco toda una parafernalia “metalera”, expuesta sobre todo en mis cuadernos y las paredes de mi habitación; situación que me vendría a ubicar, a la vista de los adultos cercanos, dentro del grupo de adolescentes “solitarios e incomprendidos”. En mi forma de concebir la vida entonces, yo ya era todo un rebelde.

A principios de la década de los noventas, y con el arribo de los discos compactos, mi colección de Lp´s se empezaría a ver -y oír- caduca, meses después , y para no quedarme “atrás”, le añadiría a mi equipo de sonido un sencillo auxiliar de cd´s marca Philco, gracias de nuevo a la tolerancia sin limites a “mi ruido”por parte de mis padres … otra época de afición a la música rock daba inicio, la sustitución de varios de aquellos añorados acetatos por sus versiones en disco compacto y el ingreso a otro tipo de música, ahora en soporte digital.

Calendario del mundial

 

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...ya hay aplicaciones de teléfono impresionantes, pero me quedo con esos bonitos calendarios de bolsillo de todos los juegos del mundial de fútbol, como este de Francia 98. (Por cierto, digan donde hay, para ir por uno).

lunes, 17 de noviembre de 2025

Caset de Sangre Asteka

 

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   Tantos buenos grupos que conocimos en aquellos primeros conciertos de la FIL (feria internacional del libro de Guadalajara) en la explanada de la expo a inicios de los noventas... y de acuerdo a los signos de los tiempos, acompañados de su respectiva triple cerveza en bolsita: "Hay otros mundos". Casetito adquirido en aquella excepcional librería  El jardín de los senderos, cuando se ubicaba en el pasaje Variedades.

Sangre Asteka (1991)
Grabaciones Lejos del paraíso.

Disco "Solos en América"

 

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...en mi criterio, el disco que viene a ser la piedra fundamental del movimiento "rock en tu idioma" de fines de los ochentas. Un fino, elaborado y selecto compendio de grandes canciones, tan bueno que pudo resistir el desgaste inacabable al que fue expuesto en su momento por la radio comercial. Emoción y nostalgia al darle una revisitada después de -bastantes- años. El consejo: escuchen los discos completos, y por supuesto, escuchen este en especial, un símbolo de su tiempo.🎸🎸

Diez publicaciones de caricatura 2/10

 

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(2/10) Continúo compartiendo diez publicaciones de caricatura, una al día, que hayan ejercido algún tipo influencia en mi gusto por los monos y en mis monos y garabatos mismos: "La croqueta" de Jis, Trino y Falcón, libro publicado en 1987 y adquirido en la tercera edición de la feria internacional del libro, FIL. Una explosión creativa e irreverente al mejor estilo de una "carrilla" de lo políticamente incorrecto de aquellos años. Este es el segundo ejemplar que adquirí, el primero lo presté y nunca regresó.


Libro: La croqueta, humor perro.

Autores: Jis, Trino y Falcón

Editorial: Posada


(Publicado originalmente en Facebook)

Diez publicaciones de caricatura 1/10

 

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(1/10) Este día inicio compartiendo, sin compromisos ni invitaciones en cadena, diez publicaciones de caricatura, una al día, que hayan ejercido algún tipo influencia en mi gusto por los monos y garabatos y en mis monos y garabatos mismos. Este es el primer libro de Jis, publicado en 1983 y adquirido algunos años después en el llamado "piso menos uno" del edificio administrativo de la UdeG en una venta de libros. Tiras cómicas filosóficas.


Libro: Los manuscritos del fongus

Autor: Jis, José Ingnacio Solorzano

Editorial: Colomos

(Publicado originalmente en facebook)




Libro sobre el tianguis cultural

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     Si bien un libro cargado de todo ese cúmulo de cifras, datos y citas requeridas para satisfacer un trabajo de tésis, una cuarta parte de este trabajo sí ofrece las referencias históricas, anécdotas y viscisitudes en torno a la vida de tan peculiar lugar, el espacio más significativo para la difusión e intercambio comercial de cultura alternativa en esta parte de nuestro país. Interesante libro, en especial para quienes con entusiasmo cada tanto gustamos de visitarlo, el "Tianguis cultural de Guadalajara".

Libro: "La supervivencia artística de los jóvenes creadores, tianguis cultural de Guadalajara 1993-2011"
Autor: Talien Elizabeth Corona Ojeda. Editorial El Colegio de Jalisco.

Mi viejo librero

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     Allá por 1990 o 91, en la entonces facultad de diseño industrial no era raro que el rollo fotográfico utilizado para documentar algún proyecto no se alcanzara a terminar, entonces se disparaban fotografías a cualquier cosa, ya de rápido, para así poder llevarlo a revelar y preparar la entrega del día siguiente. Esta imagen -quien sabe por qué aún la conservo- seguramente finalizó algún rollo, la toma es en mi entonces cuarto en la casa de Av. México, se observa mi librero modular adquirido años antes en Aurrerá y en donde, si se pone antención, se podrán reconocer algunos elementos que dan idea del inexorable paso del tiempo: un par de "novedosos" y coleccionables pepsilindros, dos módulos, en azul y rojo, elaborados con cartón batería como tarea de alguna clase, una parte de mis discos LP, mi muy necesario despertador am fm, mis primeros libros de literatura, algunos de ellos de diseño e ilustración, unos descansa libros de mi papá o mi abuelo, una revistas de national geographic en inglés, a la cual entonces estaba subscrito, una calaverita de yeso, tradición la cual siempre me gustó; a un lado, mi mesa de dibujo con una caja de tenis reebok (desconozco si aún existe la marca), unas bolsas con sepa qué, unos casets y un rosario obsequio de mi mamá desde niño. En las paredes, unos pósters de Pink Floyd y recargada, una lámina de cartón batería, esencial en esos ayeres para elaborar prototipos de diseño. Ahhh, y por cierto, en la parte superior del librero se deja a entrever la baqueta con la que llegó a tocar la batería el "Alex de Maná", que me había obsequiado un compañero de la facultad que en ese entonces les ayudaba con el sonido. Una fotografía "sobrante" que ví siempre de manera indiferente, pero que casi treinta y cinco años después, como cualquier documento gráfico, ofrece información y referencias de su época.